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Civilitas
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Cualquier persona sensata que lea
el título de este artículo podrá pensar "¿Y este tema a qué viene
ahora? Hay que aprovechar bien el tiempo, esto no tiene interés leerlo".
Sin embargo, en este año del Bicentenario de Por otra parte, ya está generalmente
admitido que en los clásicos encontraremos siempre motivos de inspiración
para que —descodificando lo propio de su tiempo— extraigamos lo universal
y permanente que permite fructuosa aplicación en el nuestro. No en
vano, en estas mismas páginas de Prudentia Politica se acaban
de publicar acertados comentarios al "Regreso de Platón".
Demóstenes no fue un patriota ateniense, sino un patriota griego,
que aspiraba a la unión de todas las ciudades-estado de En la escuela primaria muchos de
nosotros ya conocimos a Demóstenes por su ejemplar superación de la
tartamudez de su infancia, llegando a convertirse, a pesar de ello,
en el mejor de los oradores. Estos hechos han pasado a la cultura
popular, pero otros aspectos de su vida y obra suelen ser muy desconocidos
para el gran público. Vivió circunstancias en parte homologables a
las que se viven en Su vida es contemporánea con la
de Aristóteles: nacen el mismo año y mueren el mismo año, unos meses
después que Alejandro Magno. El orador y hombre de estado —figura
descollante en El comienzo de su vida de hombre
público también está erizado de grandes inconvenientes. Cuando en
el A ese enjambre de dificultades
se enfrenta Demóstenes, intentando hacer retoñar las glorias del pasado,
pero sometiendo sus anhelos a un cauteloso realismo. Sigue en esto
el ejemplo de eminentes estadistas de Haciendo un rápido recorrido por
el Corpus Demosthenium,
nos encontramos después con el discurso Por
la libertad de los rodios, donde se enfrenta otra vez a la opinión
preponderante y a la política pacifista de Eubulo; allí ya da a entender
que el verdadero peligro para Atenas es Filipo II de Macedonia y no
el Gran Rey de Persia. Los acontecimientos posteriores volvieron a
darle la razón. Con los cuatro discursos Contra
Filipo y los tres Olintíacos
—conocidos tradicionalmente como Filípicas
y Olintíacas— Demóstenes pretende transformar
la voluntad de su pueblo ante la nueva situación, educándolo en el
discernimiento. Los atenienses se niegan a aceptar los sacrificios
que pide el orador peanieo, pero éste, una vez más, acierta: en el
año Hay personas cuyo sino es oponerse
a otras. Es el caso de Esquines[3], el gran rival de Demóstenes.
Constituye un interesante modelo de temprano pragmatismo político.
Considera utópico y fuera de tiempo (anacrónica) la pretensión de
Demóstenes de mantener la hegemonía de Atenas. Hay que adaptarse a
los tiempos, y a la evolución de las ciudades-estado. Funda una nueva
praxis política. En el Segundo discurso contra Filipo, Demóstenes hace ver que, una vez más,
los hechos han dado la razón a sus advertencias, y arremete contra
Esquines, presentándolo como culpable de tantos fracasos en la política
exterior de Atenas y de las desafortunadas decisiones a las que condujo
su influencia: un espíritu aparentemente moderado y sensato, imbuido
de un pragmatismo escéptico con los grandes ideales, pero a la postre
gravemente imprudente, por no saber discernir el significado más profundo
de los hechos. Esquines es procesado, aunque absuelto por una mínima
diferencia de votos. No así Filócrates. Ambos procesos son consecuencia
del discurso demosténico Sobre la embajada fraudulenta[4],
y la eficaz acción de Hiperides. El vibrante patriotismo panhelenista
de sus discursos posteriores es, en marcada diferencia con el panhelenismo
de Isócrates, de un fuerte acento antimacedónico. A partir del año
Ocho años después de esa decisiva
batalla, en el año "Pero
el orador no sólo comenzó por la cuestión de su gestión de los asuntos
públicos, sino que, además, volviendo a ella acabó su discurso, obrando
así de acuerdo con las reglas del arte: pues hay que comenzar con
los más fuertes argumentos y terminar en ellos (...). A esta última
ley, la tercera, que resultaba útil, asiéndose el orador como a un
ancla, derribó al adversario, valiéndose para ello de un procedimiento
habilísimo y tremendo para su acusador: pues por ahí pudo hacer presa
en su enemigo y abatirlo. Porque las otras dos leyes (...) desechándolas,
las arrojó a la parte central del discurso, maniobrando así como astuto
general «al haber empujado a los cobardes al centro»; y, en cambio,
emplea su argumento más fuerte en los extremos, fortificando por uno
y otro lado los puntos débiles de las demás partes"[6]. La argumentación académica suele
proceder de lo más a lo menos universal, apoyando las razones posteriores,
o derivadas, en las anteriores que les sirven de sustento. Se intenta
ir pasando de lo más simple a lo complejo. De este modo, se comprende
mejor la progresión del razonamiento y éste va ganando fuerza en su
desarrollo. Pero a la hora de pasar al debate político —donde se trata
de convencer también a través de efectos emotivos— es útil estar atento
a no dejarse influir demasiado por ese método de origen académico
—menos brillante y efectista— y saber usar los recursos propios del
arte retórico, como podemos aprender en Demóstenes. La inesperada muerte de Alejandro
en Babilonia, durante el año Demóstenes es también el canto
de cisne de la democracia griega[7]. Se cierra un tiempo dorado
a los ojos helénicos para siempre, y al que vuelven continuamente
la mirada los nostálgicos de una democracia que aparece como paradigma
político universal. La vida de Demóstenes nos muestra
que autores y actores políticos tan preparados y brillantes, alcanzaron
en la práctica magros resultados. Pueden ser un símbolo de ello, los
escasos nueve años que dura la primacía tebana a pesar de la inmensa
estatura de Epaminondas, o las poco más de tres décadas de prevalencia
efectiva de Esparta, a pesar de haber sido preparada durante siglos
de férrea educación y disciplina. Ese balance que puede ser entendido
como negativo, nos permite justipreciar la acción de otros factores
que intervienen, además de los buenos o malos políticos y la formación
recibida. Influyen también el resto de los ciudadanos —muchas veces
para mal—, influyen las otras ciudades, los demás países (Persia,
Macedonia...), influyen las cambiantes circunstancias materiales y
económicas, las catástrofes naturales (que para ellos eran, además,
la voluntad de los dioses...), y un largo etcétera. Pero el "fracaso" de
una buena voluntad política, sirve para ampliar el conocimiento de
las variables que intrevienen en lo político-social y, en cualquier
caso, no pueden inhibir de que cada uno intente hacer todo lo que
se puede hacer. Es el camino que tomaron estos grandes hombres.
No podemos olvidar —como bien recuerda Leo Strauss[8]— que es característico de
la mejor filosofía política el intentar ser perfectiva.
Está en su esencia, y todo lo que lleve a la posibilidad de perfeccionar,
de mejorar, le interesa. Demóstenes no intentó perfeccionar la política
de su tiempo con la educación —como lo procuraron Platón e Isócrates—pero
sí lo intentó con su propia dedicación, y con un temple, generosidad
y derroche de talento admirables. Además, estos autores aparentemente
fracasados en el corto plazo de las realizaciones políticas concretas,
han servido de inspiración perenne y universal en el largo aliento
del pensamiento filosófico-político. Existen otros modos de dominar,
más allá del sometimiento militar y de la imposición de la propia
potestad en lo institucional. A veces las circunstancias han impedido
que los mejores empeños producieran frutos adecuados, pero como en
el caso de No han faltado en nuestra Argentina personas muy capaces, y también instituciones,
que han puesto todo su empeño con total rectitud para ayudar a mejorar
una sociedad que sabemos enferma de dolencias muy graves. Esa capacidad,
ese esfuerzo y esa generosidad pueden desembocar en frustración y
desaliento si se hace un frío balance de los resultados obtenidos.
Pero quizás los frutos no haya que ir a buscarlos en el terreno de
las realizaciones político-económicas, o politico-sociales, lo que
por cierto sería muy deseable y estaba en las expectativas iniciales,
sino en capas más profundas que producen resultados a largo plazo
o en contextos distintos e inesperados. Una vez más la diferencia
entre un mero político y un verdadero estadista está en que aquel
mira a las próximas elecciones y éste hacia las próximas generaciones. Ricardo Rovira Reich von Häussler, Pamplona (Navarra)
7-II-10 [1] Para conocer la obra de
Demóstenes hemos usado la edición: DEMÓSTENES, Discursos Políticos, en tres volúmenes, de [2] Cfr. LÓPEZ EIRE, A., en DEMÓSTENES, Discursos Políticos I, Biblioteca Clásica
Gredos nº 35, Madrid 1980, 1ª reimpresión 1993, pág. 17. [3] Cfr. ESQUINES, Discursos, Testimonios, Cartas, introducciones,
traducción y notas de José María Lucas de Dios, Colección Clásica
Gredos nº 298, Madrid 2002, 650 pp. [4] Cfr. DEMÓSTENES, Discursos Políticos II, Gredos 86, Madrid
1985, 442 pp. [5] Cfr. DEMÓSTENES, Discursos Políticos III, Gredos 87, Madrid
1985, 466 pp. [6] LIBANIO, Argumentos de los Discursos de Demóstenes, en DEMÓSTENES, Discursos I..., pp. 375-376. [7] Cfr. CLOCHÉ, Paul, Démosthène et la fin de la démocratie athénienne, Paris 1937; CLEMENCEAU,
Georges, Démosthène, Paris
1924; FERNÁNDEZ-GALIANO, Emilio, Demóstenes,
Discursos escogidos, Madrid
1978; JAEGER, Werner, Demóstenes.
La agonía de Grecia, México 1945; PICKARD-CAMBRIDGE, A.W., Demosthenes and the last days of Greek freedom, Londres 1914. [8] Cfr. STRAUSS, Leo,
¿Qué es Filosofía Política?,
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