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Civilitas
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UN
MAESTRO DE POLÍTICA Está más que demostrada la utilidad de volver al pensamiento de los clásicos para buscar inspiración a la hora de resolver problemas contemporáneos. Cuando se comienzan a estudiar autores que vivieron hace más de 25 siglos, se comprende que casi todos los grandes temas que hoy enardecen el debate entre las ideas dominantes, ya se tuvieron en cuenta en el arranque mismo de la formulación de pensamientos filosóficos sobre el hombre y el mundo. Incluso, entre esos autores de Si el campo de reflexión es la vida política, podría decirse que es aún más
necesario recurrir a aquellos autores griegos que idearon, y luego
vivieron, en una sociedad con formas democráticas en las que nuestras
actuales estructuras políticas buscaron inspiración. Entre ellos,
hay un maestro de Retórica que quizás no es demasiado conocido por
la cultura popular, Isócrates, pero del que podemos seguir extrayendo
enseñanzas aplicables en nuestros días. La circunstancia de encontrarse
el Uruguay en un año electoral, puede hacer aún más oportuna la reflexión
sobre vida política y condiciones del buen gobernante desde la amplia
perspectiva que nos proporciona el ateniense Isócrates. ¿QUÉ
HACER ANTE LAS CRISIS?
De modo reincidente, podemos encontrar a lo largo de la historia de la vida
política de occidente, que ante situaciones de crisis generalizada,
además del frecuente recurso revolucionario o de la moderación reformista,
siempre han aparecido dos soluciones que se presentan como alternativas
casi excluyentes: la incorporación a la dirigencia política de nuevas
generaciones y/o de nuevos estilos —lo que ha dado en llamarse la regeneración de la dirigencia—,
y una opción más a largo plazo que ha sido preferida por destacados
filósofos políticos: concentrarse en la buena formación ética y técnica
de los futuros gobernantes; por tanto, apostar al futuro confiando
en la educación; tomarse el tiempo necesario para que las reformas
comiencen desde el interior de las personas decisivas, y así puedan
ser más profundas y duraderas. Como en estas mismas páginas se recordaba
hace unos meses: quien mueve la cuna mueve los imperios... Hacia finales del siglo V a.C. en Atenas crece la conciencia de estar viviendo
un período histórico crítico. Después de las Guerras Médicas (500- BREVE SEMBLANZA DE ISÓCRATES Y SUS IDEAS EDUCATIVAS Ateniense nacido en el Isócrates
es un hombre comprometido con su patria y con su época; no vuelve
la espalda a los problemas presentes y futuros. Intenta resolverlos
apostando a la educación en las virtudes morales y cívicas. Atiende
a su vez a las dificultades externas e internas de su ciudad. Para
aquellas propugna la alianza panhelénica, principalmente ante el peligro
persa; para éstas confía en la formación de nuevos dirigentes políticos,
superiores en virtud, y en el aumento de la cultura ciudadana. El
recurso a los antiguos ideales patrios es el paradigma a reconquistar.
Puede afirmarse que contribuyó con sus ideas al nacimiento de la llamada
etapa helenística. Con capacidad de anticipación, aceptó que
había que renunciar al malentendido orgullo ático, y propició la alianza
con los antiguos enemigos espartanos, y luego la convivencia con el
nuevo poder macedónico. También atiende a lo externo e interno en la formación de los ciudadanos.
No alcanza con mejorar las instituciones y el comportamiento cívico,
hay que mejorar el interior de las personas y, así, se asegurará también
la mejora y estabilidad de aquéllas. Quiere convertir, entonces,
su Escuela en un instrumento de servicio público. Pero para poder
dedicarse con seriedad a este importante menester hay que limitar
el número de discípulos: serán turnos de nueve, para poder conocerlos
bien e incidir en la mejora de su intimidad. Si el cambio no parte
desde lo más íntimo, no será eficaz. Actuaba sobre sus alumnos de
forma directa, con mucho trato personal. Así como la paideia era el camino para recuperar el
esplendor de la antigua politeia,
una fuerte ascesis personal será necesaria para garantizar la
eficacia pública del futuro gobernante. SUS IDEAS POLÍTICAS BÁSICAS Aspiraba a una democracia basada en la justicia, pero dirigida por una aristocracia de los mejores: los más virtuosos
y sabios, los mejor educados, son quienes deben ser promovidos a las
mayores responsabilidades. Aunque en sus diferentes discursos podemos
encontrar cómo insiste de diversos modos en esta idea suya, es en
el Aeropagítico donde trata más orgánicamente sobre la necesidad de educar
a jóvenes para la política, y donde de modo formal presenta el aristocrático
concepto de pátrios politeía,
instando a inspirarse siempre en el "gobierno de los padres".
También allí, explicita otra idea muy característica suya: el jefe
militar debe ser acompañado por el consejero, porque acción y reflexión
siempre deben ir juntas. Isócrates,
que en un primer momento se consideró poco dotado para influir en
los espacios públicos, nos brinda el ejemplo de quien con buenas ideas
supera sus limitaciones físicas y caracteriológicas, y termina gravitando
no solamente por sus discursos, sino principalmente a través de los
hombres que formó. A diferencia de los sofistas, promueve que la retórica
se ocupe de la realidad circundante. Sabe que la influencia que puede
ejercer sobre su amada Patria tendrá mayor alcance a través de la
formación y promoción de sus discípulos. Además del influjo de quienes
detentan el gobierno directo, existe también la influencia —a veces
más importante— de quienes trabajan en las bases pre-políticas: además
de hacer, hay que hacer hacer, dejar hacer y dar quehacer... EL
MÉTODO ISOCRÁTICO PARA Estamos
ante un caso paradigmático de confianza en la ciencia retórica para
la solución de problemas prácticos. No podemos caer en el anacronismo
de pensar con categorías mentales contemporáneas a la hora de juzgar
la utilidad práctica de las soluciones de entonces: la voz y la palabra
eran el gran medio de comunicación en una sociedad autogobernada democráticamente,
y que estaba casi en estado de asamblea permanente. A nosotros nos
corresponde realizar las descodificaciones necesarias para aplicar
lo que pueda servirnos ahora. La
secuencia de su sistema para la reforma ética y política podría resumirse
según el siguiente listado. Debajo de cada punto, entre paréntesis,
se asientan algunas posibles aplicaciones a nuestro tiempo y lugar: 1. Creación de una escuela con un maestro muy dedicado a sus discípulos. (Instituciones universitarias, escuelas de negocios, con profesores de dedicación
completa). 2. Formación de oradores, en la que el logos —la palabra pensada
y hablada—es parte esencial para la construcción de la convivencia
ciudadana. (Formación de políticos, dirigentes empresarios y sociales,
con sentido de contribución a la construcción de una sólida urdimbre
social). 3. El discurso, como instrumento de una buena comunicación, será un arma
importante para la reforma política y de las costumbres, en un ambiente
y un tiempo, en el que es el principal medio de comunicación de ideas. (Ahora las ideas ya no se comunican predominantemente por discursos, hay que
incidir en otros medios de comunicar). (Sigue siendo este paso igual en nuestro tiempo: no hace falta traslación). 5. El orador forma al pueblo, pero antes debe apuntar a la formación de
buenos dirigentes. (La universidad apunta a la buena formación de minorías dirigentes
aunque procure al mismo tiempo la elevación cultural general). 6. En la ejecución del discurso y en el debate con sus contrincantes, el
orador no cesa de aprender: "de los mismos argumentos
que nos sirven para persuadir a los otros, de ésos nos valemos para
reflexionar"; como buen socrático, sabe que se comprende
mejor al tener que explicar los conceptos, y que del contraste de
opiniones mana un nuevo conocimiento. (El buen profesor aprende enseñando, aprende respondiendo preguntas, no cesa
de aprender nunca; pero eso sucede con los verdaderos profesores vocacionales,
con suficiente dedicación y con actitudes humildes). 7. La filiación socrática también puede advertirse en la concepción de
unidad en la virtud; el maestro en Protágoras
establece que en el fondo todas las virtudes constituyen como una
sola virtud. Isócrates considera que vivir bien, virtuosamente, y
tener paz en el alma, lleva a pensar bien, y ello a escribir bien,
de lo que se deriva hablar bien, y esto permite transmitir el bien
a otros, multiplicando la posibilidad personal de hacer el bien. El
ideal educativo del orador es, por consiguiente, el ideal del bien
decir fundado en el bien saber y en el bien vivir. (El estudio de Aristóteles ha ayudado a que hoy en día, en lo docencia moral,
se tenga en cuenta la connexio virtutum: la unión y conexión
entre todas las virtudes, y cómo el progreso en una de ellas hace
avanzar en otras virtudes. Hay una expresión contemporánea para este
ideal isocrático; la ha popularizado principalmente la ascética cristiana:
se llama unidad de vida). 8. La profesión oratoria es camino para el ascenso en las
responsabilidades ciudadanas, y terminar ocupando puestos de gobierno. (La buena formación profesional, sea en el campo que sea, facilita
el ascenso a responsabilidades de mayor repercusión social. Pero es
recomendable que esa formación procure un activo profesional propio
antes de pasar a la esfera pública: se asegura tener especificidades
profesionales que aportar, se facilita el reingreso en la actividad
privada y se ayuda a alejar las tentaciones de corrupción). 9. Esos nuevos gobernantes, bien imbuidos de la superior cultura griega,
serán maestros no solamente para su pueblo, sino que harán de los
griegos "un pueblo de maestros", haciendo
prevalecer sus ideales y su dominio político en círculos cada vez
más amplios de territorios "bárbaros". (Es sabido que los griegos llamaban "bárbaros"
a todos los que no eran griegos. Antes de la manida globalización, ya se tenía
muy en cuenta en los buenos centros de formación de dirigentes, la
misión ad
extra: de la propia empresa, del propio grupo, de la propia Nación, de la propia
Región: una vez lograda una estabilidad suficiente gracias a un sistema
de ideas adecuado, no se detiene ahí la misión de las minorías dirigentes
y se proyecta en círculos más amplios, incluso con intención planetaria). VALORACIÓN CONTEMPORÁNEA DE SUS PROPUESTAS Debe reconocerse que Isócrates logró personalmente esa capacidad de visión,
de ver más allá que sus iguales, de anticipación, que exigía para
el buen político. Superando los prejuicios de su época, en su discurso
A Filipo, intenta persuadir al macedonio
que se convierta en portaestandarte ad
extra de la cultura griega, presagiando así la difusión de esos
valores que realizará su hijo Alejandro Magno en el período helenístico,
gracias a la enorme expansión territorial de sus conquistas. Su pensamiento
político intenta interpretar los cambios históricos y adaptarse a
los datos de la realidad. Pero no parece haber sido bien comprendido
en este empeño suyo, y así, algunos lo han calificado de oportunista.
Hemos asistido con frecuencia en los más variados panoramas políticos al triste
espectáculo de lo que en España llaman "el cambio de chaqueta":
políticos que por conveniencias personales coyunturales se desdicen,
se contradicen, no cumplen lo prometido, practican el transfuguismo
partidario... Nos acudirán inmediatamente docenas de ejemplos a la
memoria. Pero como la política es una actividad prudencial, no siempre
debe ser considerado como oportunista, inconstante, o políticamente
incoherente quien sabe y debe adaptarse con flexibilidad al cambio
de circunstancias. A este respecto escribe agudamente Winston Churchill: "Un
estadista en contacto con la corriente movediza de los acontecimientos,
afanoso de mantener su barco a flote y de alcanzar el punto fijo de
su viaje, puede inclinar todo su peso o su timón ahora de un lado
y después de otro. Cuando en cada caso se contrasten sus argumentos
podrá echarse de ver que no solamente son muy diferentes en carácter,
sino contradictorios en espíritu y opuestos en dirección; y sin embargo,
a través de todos ellos, su objetivo habrá permanecido inmutable.
Sus resoluciones, sus deseos, su meta, pueden haber permanecido sin
cambios, mientras sus métodos pueden ser verbalmente irreconciliables.
No podemos llamar a esto inconstancia. La única forma en que un hombre
puede permanecer constante entre las mudables circunstancias es cambiar
con ellas conservando inalterable su propósito dominante. Lord Halifax,
siendo motejado de camaleón político, dio la siguiente celebrada réplica:
«Si cambio de color o nado entre dos aguas lo hago obedeciendo a la
misma razón que tiene la zona templada para acomodarse entre el clima
en que los hombres se tuestan y aquel en que se hielan»" (W.
Churchill, Pensamientos y Aventuras, pp.41 y 42). 2. Concentrarse primero en los que dirigen El núcleo de toda la actividad de Isócrates se concentra en quien para él
debe ser el primer sujeto de toda educación: el gobernante.
Así la trilogía de discursos A
Nicocles—Nicocles—Evágoras, presenta un cuerpo unitario de doctrina
sobre las características que
debe poseer todo buen gobernante. Evágoras es monarca de Salamina
en Chipre, y Nicocles su hijo y sucesor, discípulo en la escuela de
nuestro retórico ático. En el primer discurso, el maestro se dirige
al discípulo que va a ocupar el trono de su padre; quiere entregarle
un obsequio: apuntalar su tarea de gobernante con sus consejos. En
el segundo, el mismo Nicocles aparece dirigiéndose a sus súbditos,
donde les expone la filosofía y programa de gobierno que se propone
llevar a cabo. Evágoras
fue escrito en los primeros tiempos del gobierno de Nicocles, y allí
Isócrates le pone como modelo de gobernante ideal a su padre. Puede
constatarse que este maestro de retórica es un político peculiar,
que hace Política de modo indirecto o mediato. 3. Cualidades del buen gobernante Espigando en estos tres discursos, podrían resumirse las cualidades que para
Isócrates deben adornar al gobernante ejemplar, algunas de las cuales
deben ser propias de todo buen ciudadano, y otras específicas de esa
alta función: —Deberá ir muy por delante de sus súbditos en todo. Afrontará
con valentía y generosidad las consecuencias de sus decisiones; como
el buen pastor evangélico, va por delante del rebaño, no se esconde
detrás de él cuando se acerca el peligro. —Como es propio de quien formó sus opiniones políticas a partir de un pragmatismo
histórico, Isócrates aconsejará ser sagaz en la observación de los
hechos y en el conocimiento de las personas para tomar decisiones.
—Hay que estar atentos a los más esforzados y capaces para promocionarlos,
estableciendo una sana competencia entre sus colaboradores, constituyendo
así una especie de meritocracia. —La experiencia de gobierno y el estar atento a todas las circunstancias,
también pueden explicar ciertos excesos de los gobernantes, y por
ello es importante la interacción cercana entre los súbditos y sus
jefes, y formar a los jóvenes en la obediencia para que después sepan
mandar. Saber ponerse el de arriba mentalmente en la situación del
de abajo, y viceversa. —La prudencia es también saber elegir asesores y rodearse de los mejores consejeros,
aunque esto signifique romper el círculo que se forma en torno a quienes
detentan el poder: hay que ir a buscar a los mejores allí donde
estén, sin detenernos en diferencias que a veces son superficiales,
así como hay que tomar las buenas ideas donde estén, sin fijismos
propios del prejuicio. —El trasfondo socrático vuelve a aparecer en el consejo del dominio de sí
mismo: "Sé señor de ti mismo no menos que de los demás, y
considera que lo más digno de un rey es no ser esclavo de ningún deleite,
y gobernar sus deseos más que a sus súbditos". 4. Cualidades del buen ciudadano Tanto gobernantes como gobernados deben mantener una distancia interior ante
el éxito o el fracaso; esa fortaleza de espíritu se traducirá en ser
humildes, en no caer en la peligrosa soberbia que lo arruina todo
("los que no resultan corrompidos por el éxito, ni se enajenan,
ni se vuelven soberbios, antes bien permanecen en la disposición propia
de los hombres prudentes..."). Todos también deben practicar
lo que hoy en día llamaríamos transparencia:
"Procurad que vuestra actuación pública no sea astuta u oculta,
sino tan sencilla y tan clara, que ninguno, aun queriendo, pueda fácilmente
calumniaros". Hasta podemos encontrar una formulación ante litteram de algún principio
de la ética kantiana: "Lo que os irrita que otros os hagan,
no lo hagáis a los demás. Lo que reprobáis con las palabras, no lo
practiquéis con vuestros actos. No sólo elogiéis a los buenos, imitadlos
también". Aunque no parece considerar, como Jenofonte, que
toda educación tiene naturaleza mimética, sin embargo continuamente
realza la importancia de las conductas ejemplares, en primer lugar
las que vienen desde arriba, exempla trahunt: el ejemplo atrae y arrastra hacia arriba. RELACIÓN ENTRE ISÓCRATES Y JENOFONTE Pueden encontrarse numerosas similitudes de enfoque y de contenidos entre
las obras de educación política de Isócrates y Jenofonte, de quien
también ya se ha hecho un esbozo en estas páginas[1]. Por las fechas de composición
relativa, es probable que el retórico haya mostrado un prometedor
camino al historiador, aunque luego éste, al trabajar sobre un modelo
antiguo, pudo expresar sus opiniones con mayor libertad y claridad.
Fue un recurso bastante común, entonces, para evitar represalias del
poder político dominante: situar en un pasado remoto o en un lugar
distante la escena a partir de la cual se hacían afirmaciones y demostraciones
de rabiosa actualidad. En estos dos autores, como entre tantos autores importantes de Ricardo Rovira Reich [1] IEEM, Revista de Antiguos Alumnos, año XI, nº 3, junio 2008: "Quien mueve
la cuna mueve los imperios (retrospectiva sobre la educación del
gobernante)". |
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