|
Civilitas
|
![]() |
||||||
|
La
formación de líderes políticos, de ciudadanos responsables y de empresarios
verdaderamente comprometidos con el desarrollo es una misión esencial
en un país que cíclicamente comete los mismos errores y adopta políticas
que casi condenan a generaciones enteras a optar entre el fracaso o
el exilio. Civilitas
ha nacido a finales de la década de 1980, cuando el país estaba asolado
por la hiperinflación, y los saqueos a los supermercados no sorprendían
a nadie. Hace cinco años, la historia se repetía de un modo casi idéntico,
pese a los años de estabilidad económica y crecimiento que habían caracterizado
a la década del 90. La razón de ello está muy clara: el modelo de esos
años estaba viciado de raíz. El crecimiento existía, pero la desigualdad
era cada vez mayor. La estabilidad permitía cierta previsibilidad, pero
la corrupción política había llegado a niveles de escándalo. Los empresarios
afirmaban invertir, pero la falta de controles volvió inviable ese proyecto. Después
del derrumbe de finales del año 2001, pareciera que en la Argentina
ha vuelto A
lo largo de nuestra historia reciente, el estado, según la coyuntura,
ha alternado una actitud paternalista para con la empresa con periodos
de gran enfrentamiento con ella. Difícilmente se ha logrado alguna vez
una relación enriquecedora entre ambos niveles. Su vinculación ha estado
siempre signada por la desconfianza: El empresario ha sido visto muchas
veces como alguien que sólo persigue su propio interés, incluso en menoscabo
del interés general, y el estado ha sido considerado por los emprendedores
el principal obstáculo para la iniciativa privada. Por
otra parte, la falta de proyectos a largo plazo ha impedido el desarrollo
sostenido del país. La
alternancia en el poder de gobernantes de concepciones “no distintas”
sino “opuestas”, ha llevado a la Argentina a oscilar entre periodos
de relativa bonanza y grandes depresiones, modelos productivos y modelos
que han promovido la especulación financiera, entre proyectos de industrialización
y otros en los que se apostó prioritariamente a la producción agropecuaria.
Los más importantes observadores extranjeros y expertos en economía,
así como los inversionistas de todas partes del mundo, coinciden en
señalar que la falta de permanencia de una política económica en el
largo plazo es causa principal de las dificultades de Se
puede decir que si el siglo XIX fue el de la organización nacional,
el siglo XX puede ser llamado el de Tenemos
que comprender que es necesario generar un
cambio mucho más profundo. Es menester sacar a los ciudadanos
de la tragedia de la resignación a lo que parece ser un destino adverso,
y para eso está Civilitas: un grupo de jóvenes (algunos ya no lo son
tanto en edad, pero continúan siéndolo en espíritu) trabajadores y profesionales
que están dispuestos a ser protagonistas de ese cambio. Personas dispuestas
a colaborar, desde su propio espacio, con su tiempo y sus ideas a que
la Argentina pueda por fin decidir en qué quiere convertirse como país. Para
muchos esta tarea se presenta como ingenua, o de imposible cumplimiento.
Nuestro destino como país parece ser para ellos el resultado de un modo
de ser ontológico de los argentinos, y las tragedias que han enlutado
al país en las últimas décadas quizás les hayan confirmado que somos
un país inviable. La
realidad es muy distinta. La historia argentina no tiene, ni por lejos,
las tragedias que han sufrido otros países que han logrado salir adelante.
Ni la guerrilla terrorista, ni las dictaduras militares, ni los brotes
hiperinflacionarios son sólo patrimonio de los argentinos. España, Chile
y Alemania, son países con historias recientes similares a la nuestra
y hoy, sin embargo, vemos su presente con un dejo de envidia. Ese
cambio es posible. La generación de espacios de trabajo y discusión
que contribuyan a la elaboración de proyectos a largo plazo en nuestro
país se torna como absolutamente urgente. Civilitas hace 18 años viene
haciéndolo. Como
en toda institución, Civilitas ha tenido etapas de desarrollo. Haciendo
una simplificación que puede ser excesiva pero que resulta muy gráfica,
podemos hablar de dos etapas fundacionales: En la primera, La
segunda etapa, que es la que lideró Sebastián y acompañaron personas
como Hubo
también un compromiso muy fuerte de Civilitas para lograr Hoy
me toca a mí intentar generar una síntesis entre el civilitas de la
primera etapa, reflexivo, y el civilitas de la segunda etapa, más operativo.
Volver a las fuentes de aquellas reuniones civilitenses que tanto enorgullecen
a sus miembros, pero también consolidar esta red de contactos, proyectos
y personas que nos deja Sebastián tras su intensa gestión. En
ese esquema, cuento con todos ustedes, pues hay que llevar adelante
un proyecto y para ello hacen falta ideas y brazos… Muchas gracias por estar acá acompañándonos.
Ahora Sebastián continuará con |