Civilitas


Necesidad de generar espacios de reflexión para gestar el cambio
(Discurso de asunción del nuevo presidente de Civilitas: Luis María Caballero)

 Hace ya casi dos décadas Civilitas ha comenzado su importantísima tarea en la sociedad. Hace casi 20 años esta institución ha asumido como propia la responsabilidad de formar a quienes habrán de liderar el cambio profundo que nuestra Patria está necesitando.

 

La formación de líderes políticos, de ciudadanos responsables y de empresarios verdaderamente comprometidos con el desarrollo es una misión esencial en un país que cíclicamente comete los mismos errores y adopta políticas que casi condenan a generaciones enteras a optar entre el fracaso o el exilio.

 

Civilitas ha nacido a finales de la década de 1980, cuando el país estaba asolado por la hiperinflación, y los saqueos a los supermercados no sorprendían a nadie. Hace cinco años, la historia se repetía de un modo casi idéntico, pese a los años de estabilidad económica y crecimiento que habían caracterizado a la década del 90. La razón de ello está muy clara: el modelo de esos años estaba viciado de raíz. El crecimiento existía, pero la desigualdad era cada vez mayor. La estabilidad permitía cierta previsibilidad, pero la corrupción política había llegado a niveles de escándalo. Los empresarios afirmaban invertir, pero la falta de controles volvió inviable ese proyecto.

 

Después del derrumbe de finales del año 2001, pareciera que en la Argentina ha vuelto la calma. El país crece a tasas sorprendentes, los niveles de desempleo bajan mes a mes y otros números macroeconómicos parecen ser testigos de una aparente bonanza. Sin embargo, sería ingenuo pretender que por fin ha llegado el momento del despegue. El modelo planteado es igual de endeble que el anterior. Los controles sobre la economía, la falta de seguridad jurídica, el combate permanente al emprendedor y el ataque continuo a los valores más caros para los argentinos nos hacen ser pesimistas a este respecto. No será éste, tampoco, el modelo que haga salir adelante a nuestro país.

 

A lo largo de nuestra historia reciente, el estado, según la coyuntura, ha alternado una actitud paternalista para con la empresa con periodos de gran enfrentamiento con ella. Difícilmente se ha logrado alguna vez una relación enriquecedora entre ambos niveles. Su vinculación ha estado siempre signada por la desconfianza: El empresario ha sido visto muchas veces como alguien que sólo persigue su propio interés, incluso en menoscabo del interés general, y el estado ha sido considerado por los emprendedores el principal obstáculo para la iniciativa privada.  Por otra parte, la falta de proyectos a largo plazo ha impedido el desarrollo sostenido del país.

 

La alternancia en el poder de gobernantes de concepciones “no distintas” sino “opuestas”, ha llevado a la Argentina a oscilar entre periodos de relativa bonanza y grandes depresiones, modelos productivos y modelos que han promovido la especulación financiera, entre proyectos de industrialización y otros en los que se apostó prioritariamente a la producción agropecuaria. Los más importantes observadores extranjeros y expertos en economía, así como los inversionistas de todas partes del mundo, coinciden en señalar que la falta de permanencia de una política económica en el largo plazo es causa principal de las dificultades de la República Argentina para conseguir un desarrollo sostenido, y suelen mencionar el ejemplo de Chile, que ha conservado a lo largo del tiempo, desde comienzos de la década de 1970, con gobiernos militares y civiles, un mismo proyecto.

 

Se puede decir que si el siglo XIX fue el de la organización nacional, el siglo XX puede ser llamado el de la desinstitucionalización. Desde hace más de cincuenta años, en la Argentina no es posible hallar un proyecto de nación.

 

Tenemos que comprender que es necesario generar un  cambio mucho más profundo. Es menester sacar a los ciudadanos de la tragedia de la resignación a lo que parece ser un destino adverso, y para eso está Civilitas: un grupo de jóvenes (algunos ya no lo son tanto en edad, pero continúan siéndolo en espíritu) trabajadores y profesionales que están dispuestos a ser protagonistas de ese cambio. Personas dispuestas a colaborar, desde su propio espacio, con su tiempo y sus ideas a que la Argentina pueda por fin decidir en qué quiere convertirse como país.

 

Para muchos esta tarea se presenta como ingenua, o de imposible cumplimiento. Nuestro destino como país parece ser para ellos el resultado de un modo de ser ontológico de los argentinos, y las tragedias que han enlutado al país en las últimas décadas quizás les hayan confirmado que somos un país inviable.

 

La realidad es muy distinta. La historia argentina no tiene, ni por lejos, las tragedias que han sufrido otros países que han logrado salir adelante. Ni la guerrilla terrorista, ni las dictaduras militares, ni los brotes hiperinflacionarios son sólo patrimonio de los argentinos. España, Chile y Alemania, son países con historias recientes similares a la nuestra y hoy, sin embargo, vemos su presente con un dejo de envidia.

 

Ese cambio es posible. La generación de espacios de trabajo y discusión que contribuyan a la elaboración de proyectos a largo plazo en nuestro país se torna como absolutamente urgente. Civilitas hace 18 años viene haciéndolo.

 

Como en toda institución, Civilitas ha tenido etapas de desarrollo. Haciendo una simplificación que puede ser excesiva pero que resulta muy gráfica, podemos hablar de dos etapas fundacionales: En la primera, Ramiro García Díaz, Adolfo Bringas, Carlos Arias, Aldo Bonacossa, Aldo Cima, Jorge Arrambide, Benjamín Buteler, Gustavo Arias, Allende, Sebastián García Díaz y otros dieron a Civilitas características profundas y de reflexión. Fueron años de discusiones maduras. Hay que tener en cuenta que era el tiempo en el que caía el Muro de Berlín, se hablaba del fin de la Historia, se discutía la encíclica Centessimus Annus de Juan Pablo II, el pensamiento único, el capitalismo salvaje, el neoliberalismo y el consenso de Washington. Se trabajó mucho en la perspectiva de la Unión Latinoamericana tomando como base la Unión Europea. Durante años se profundizó también en el llamado “Proyecto Córdoba” con una visión multidisciplinaria. Muchos especialistas y personalidades destacadas de Córdoba pasaron por las reuniones civilitenses.

La segunda etapa, que es la que lideró Sebastián y acompañaron personas como Javier Díaz, Carmen Cardeilhac, Rodolfo Aricó, Pablo Rodríguez Brizuela, etc, tuvo también sus características propias. Quizás por el modo de ser del presidente, pero también por necesidades puntuales ante una realidad que exigía reflejos rápidos y acciones concretas, la Civilitas de los últimos años se caracterizó por la actividad intensa y operativa. Civilitas consolidó vínculos con instituciones de otros países como España, Chile, y Estados Unidos, publicó su Revista El Pensador, desarrolló su programa de televisión en el año 2001 y a lo largo de este año, a través de su sitio de Internet incorporó una base de datos de más de 5.000 personas que por una razón u otra establecieron contacto por esa vía.

 

Hubo también un compromiso muy fuerte de Civilitas para lograr la Reforma Política, que en la Argentina aún se encuentra pendiente. Con actos, artículos, juntas de firmas y otras actividades se buscó terminar con las listas sábanas. Por otra parte, se realizaron los homenajes de Civilitas a personalidades de Córdoba que resultan referentes para la juventud y se realizaron más de 40 instancias de formación para jóvenes dirigentes públicos: seminarios, conferencias, cursos, tertulias, etc.  Ha sido una etapa de producción muy intensa que culmina con el ambicioso proyecto de generar desde Córdoba una especie de “Pacto de la Moncloa”, en el que participen todas las instituciones civiles, religiosas, económicas, académicas, sindicales y políticas. Venimos trabajando desde hace 2 años en este proyecto.

 

Hoy me toca a mí intentar generar una síntesis entre el civilitas de la primera etapa, reflexivo, y el civilitas de la segunda etapa, más operativo. Volver a las fuentes de aquellas reuniones civilitenses que tanto enorgullecen a sus miembros, pero también consolidar esta red de contactos, proyectos y personas que nos deja Sebastián tras su intensa gestión.

 

En ese esquema, cuento con todos ustedes, pues hay que llevar adelante un proyecto y para ello hacen falta ideas y brazos…

 

Muchas gracias por estar acá acompañándonos. Ahora Sebastián continuará con la Conferencia La Verdad de la Política y sus grandes encrucijadas. Muchas gracias,