Civilitas

 

ARGENTINA MIRANDO
EL NUEVO SIGLO

Córdoba, Agosto de 2008 - Dr. Carlos V. Kesman
          

 
INDICE

Introducción
I.-La acción 2002-2007: Superación de la crisis
II.-El actual “modelo productivo” no lleva a la industrialización. 
III.-Falta de dinámica de la oferta exportable argentina: Brasil y Chile exportan a mayores tasas a pesar de la sobrevaluación cambiaria.
IV.-Distribución del ingreso: Recuperación durante 2002-2006 y serios interrogantes para el futuro
V.-La estrategia de distribución del ingreso de largo plazo está basada en una política equivocada
VI.-El futuro del modelo competitivo-productivo
VII.-El momento actual de la economía y las alternativas de salida de corto y mediano plazo.
VIII.-Estrategia mirando el Siglo XXI.
IX.-La más cruda realidad a enfrentar y superar.

 

            Introducción

            En el año 2007, nuestro país afrontó una nueva compulsa electoral para renovar los máximos cargos del poder político-institucional. La lucha política dió un lugar destacado al hecho de potenciar o no como positivo lo andado luego de la crisis 2001-2002 y si la situación alcanzada constituye un nuevo modelo productivo o debe  reformularse.

            La crisis campo-Gobierno Nacional de la primera parte del año, llevó a un nivel central la defensa, por parte de los funcionarios nacionales, del llamado “modelo productivo”, como instrumento para superar la “sojización” y la distribución del ingreso regresiva.   

            El camino que lleve a los argentinos a una instancia superadora para lograr el bien común de nuestra sociedad deberá reconocer los avances logrados a partir de la crisis, pero, simultáneamente, marcar las deficiencias que nos separan de una sociedad justa que, respetando los derechos humanos, sea capaz de superar las restricciones materiales básicas y dar al hombre argentino la oportunidad de acceder a valores superiores, propios del ser humano integral.

 

            I.- La acción 2002-2007: Superación de la crisis

            Si se tiene en cuenta la recesión instalada antes de la crisis y los efectos de las medidas tomadas en 2002, el PBI real por habitante cayó un 25%. Así ocurrió, también, al final del gobierno del Dr. Alfonsin con la hiperinflación. Ninguna sociedad puede resistir semejante impacto sin afrontar profundos cambios, más aún si estas situaciones se repiten cada diez años e, incluso,  se dan abruptas variaciones de política económica dentro de un mismo gobierno.

            Si observamos a sociedades amigas cercanas, se verá que Chile transita los 30 años y Brasil está superando los 40 de reglas de juego estables.  Así y todo, en ambas, persisten las desigualdades sociales y ha sido muy dificultoso avanzar en una mejora en la distribución del ingreso. Quiere decir que la estabilidad en las reglas de juego es una condición necesaria para resolver los principales problemas económicos pero, no es suficiente para acceder a sociedades más justas. Luego, esto lleva a pensar, como respuesta,  en nuevas formas de organización de la producción e inserción internacional, junto a cambios estructurales en los mecanismos de distribución del ingreso.

            Por ello deben destacarse los principales avances logrados, entre 2002-2007, en las cuestiones negativas  primarias fruto de la crisis: aumento del nivel de actividad; reducción del desempleo abierto, niveles de pobreza e indigencia; recuperación asalariada en la distribución del ingreso; superávit fiscal elevado; balance comercial favorable; aumento de las reservas del Banco Central y acuerdo sobre la deuda externa.

            Ahora, debe analizarse si el punto en el cual se encuentra nuestra sociedad al 2008 es estable y satisfactorio y, por lo tanto, persistir y profundizar en esta orientación o, por el contrario,  debemos tomarlo como la salida de una de nuestras graves crisis periódicas y, por consiguiente, repensarnos mirando el Siglo XXI.   

II.- El actual “modelo productivo” no lleva a la industrialización 

            Por supuesto que, ubicados en 2007, con respecto al 2001-2002, la producción industrial y las exportaciones con valor agregado, aumentaron. Pero, en la economía en su conjunto, ha tendido a aumentar aún más la importancia de las commodities (Cereales y Semillas y Frutos Oleaginosos: 67% del total de los Productos Primarios exportados) y las Manufacturas de Origen Agropecuario(MOA) de bajo valor agregado, como las Grasas y Aceites y Residuos de la Industria Alimenticia, que representan el 60% de las Manufacturas de Origen Agropecuario(MOA) exportadas.

            Paralelamente, las Manufacturas de Origen Industrial(MOI), que serían las típicamente manufactureras que interesa promover, se han concentrado en Material de Transporte(básicamente Industria Automotriz) que constituye un sector administrado y muy regulado bilateralmente con Brasil(Este rubro representa el 31% de las exportaciones MOI totales).

            En un marco en que las exportaciones totales crecen al 13,1% anual promedio en el período 2001-2007, el rubro Grasas y Aceites ha crecido a una tasa anual promedio del 22,3% y el rubro Material de Transporte al 17,7% anual.

            Pero, el Resto de Manufacturas de Origen Agropecuario(MOA), es decir todos los rubros que no son Grasas y Aceites y Residuos de la Industria Alimenticia, como por ejemplo, rubros como Carnes, Pescados y Mariscos Elaborados,  Productos Lácteos, Pieles y Cueros, Lanas Elaboradas, Azúcar y Artículos de Confitería, etc.,  crece en el período 2002-2007 al 15,3% anual promedio.

Como una observación especialmente a resaltar para el presente análisis, el Resto de las Manufacturas de Origen Industrial(MOI), es decir que no son Material de Transporte, es decir el grupo clave que implicaría la definición propiamente dicha de “industria”(transformación de materia prima no agropecuaria), creció a una tasa del 11,3%, por debajo del promedio de crecimiento de las exportaciones globales en el mismo período, que alcanzó el 13,1%.

Como una observación más desagregada y precisa respecto a este comportamiento, debe resaltarse que sobre  14 capítulos que componen el espectro exportador de Manufacturas de Origen Industrial(MOI),  solamente tres crecen en el 2002-2007 a tasas superiores al promedio nacional del 13,1: Material de Transporte Terrestre 17,7% ; Piedras y Metales Preciosos 31,4% y Caucho y sus Manufacturas 14,4%. Es decir que si bien las ventas externas del Resto de MOI  aumentan en valores absolutos, no constituyen la parte dinámica de las exportaciones.

Para poder decidir o probar que el modelo productivo utilizado para salir de la crisis 2001-2002 lleva a la industrialización, además de lo planteado para las Manufacturas de Origen Industrial(MOI) en el sentido que no constituyeron un factor dinámico para la industrialización, debe notarse que, para responder afirmativamente, las Manufacturas de Origen Agropecuario(MOA) deberían haber constituido un sector explosivo en crecimiento, no solamente por la devaluación del 200% de comienzos de 2002, sino también por las retenciones elevadas que reducen los costos de las materias primas agropecuarias, además de sus reconocidas ventajas comparativas naturales por el soporte del sector productor de Productos Primarios.

Pero, no ha sido el referido comportamiento el observado en la realidad. En el grupo de las Manufacturas de Origen Agropecuario(MOA), los rubros Grasas y Aceites y Residuos y Desperdicios de la Industria Alimenticia absorben el 20% de las exportaciones totales y el 61% de las ventas de MOA. Es decir que el Resto de MOA, o sea con alto valor agregado, es poco significativo tanto en el año 2001 como en el 2007 y, por ello, aunque en el Resto de MOA se crezca a tasas altas tomadas rubro por rubro, su poca significación hace que no impacten para llevar a Argentina a otra realidad más dinámica con mayor valor agregado.  Más aún, el Resto de MOA(con alto valor agregado) pierde importancia relativa en el total de MOA en el período analizado, lo que indica que el proceso 2001-2007 aumentó la concentración en MOA de bajo valor agregado, sin aumentar la diversificación productiva hacia MOA de alto valor agregado.

Por lo tanto, a pesar de la devaluación, al no implementarse una política de competitividad en materia de producción y una estrategia de productos y mercados, nuestra economía no fue capaz de aprovechar el alto costo social en que consistió la devaluación, protección, subsidios y control de salarios, para lograr eficiencia y competitividad internacional como base sustentable de mediano y largo plazo que permitiera, a partir de 2006, estabilidad monetaria, aumento de productividad, mejores oportunidades de empleo y salarios reales en alza.  Si bien se fueron recuperando los niveles salariales hasta arribar a los vigentes en el 2001, no existió una consolidación de aumentos reales a partir de 2007, más aún con las dificultades de estimación de la variación de precios por el conflicto en el Instituto Nacional de Estadística y Censos(INDEC).

Así, entonces, el comercio exterior basado en commodities(granos, aceites y petróleo) de bajo valor agregado y reducido impacto en la dinámica ocupacional, con destino preferente al Asia, debe ser superado con una estrategia productiva de bienes industriales de alto valor agregado y ventas direccionadas por mercado con eficiencia competitiva y no basada en tipo de cambio alto y control de salarios.

A su vez, la política de producción nacional debe ser congruente con la estrategia de inserción internacional, de tal forma de dar base a sectores de alto valor agregado y penetración en el MERCOSUR, América Latina, América del Norte y mercados no tradicionales abiertos en los últimos años, como destino preferente de la oferta industrial exportable de Manufacturas Industriales, tanto MOA como MOI, que complemente los mercados asiáticos y de la Unión Europea.

Macroeconómicamente, tanto la estrategia de inserción internacional como la de producción nacional están relacionadas con la política cambiaria y arancelaria, instrumentos centrales de una estrategia nacional de largo plazo.  Este es un punto clave a consensuar en la sociedad.  Es importante mantener un tipo de cambio real que no se deteriore respecto a un nivel congruente con la distribución del ingreso, pero, no puede aislarse de la competitividad.  Tipo de cambio real alto sin política de competitividad complicará el acceso a los mejores empleos con alta remuneración, si se decide basar la presencia internacional sólo en mano de obra devaluada vía tipo de cambio, sin aumento de la inversión y los rendimientos de las empresas.  Además, devaluación, inflación, control de precios y distorsión de pecios relativos en la economía, tal como se observan a Agosto de 2008 en nuestro país, no podrán ser resueltos en forma sustentable y con justicia distributiva.

Mirando al Siglo XXI, las anteriores consideraciones muestran la incongruencia de la actual política productiva, de exportaciones, empleo y distribución del ingreso con la naturaleza del proceso de interdependencia mundial y la inserción de China y de la India en el mercado mundial.  Todo lo que estos últimos países demanden, aumentará de precio y todo lo que oferten hará caer los precios mundiales. Este efecto puede observarse ya en toda América Latina.  Sobre todo la oferta de China de bienes industriales con alto contenido de mano de obra no calificada, impactará en los mercados mundiales en el nuevo siglo, tal como ya lo está haciendo.

Luego, desde Argentina, la actual política de producción, inserción internacional y cambiaria, debe reconocerse que nos permitió salir de la crisis 2001-2002, pero, no puede constituir la base para forjar un país con bienestar y justicia distributiva en el nuevo siglo.

Política de producción hacia bienes con mayor valor agregado, inserción internacional en bloque direccionada por tipo de productos y mercados, política de competitividad privada y social, la reforma tributaria y la educación vinculada a la producción, deben ser las bases para consensuar en el 2008 mirando al nuevo siglo, en el marco de un fortalecimiento de la organización política e institucional y del federalismo.

Debe, entonces, quedar claro que el llamado “modelo productivo”, que permitió salir de la crisis 2001-2002 no es apto para llevar nuestra sociedad hacia la industrialización, entendida como un proceso de transformación de la organización de la producción hacia bienes que superen la “primarización” del actual modelo, agregando valor y generando empleos de mayor calidad y mejor remunerados.

Si esta estrategia no se lleva adelante como una política deliberada y consensuada, no se logrará la industrialización en general y, menos aún, ir a una sociedad del conocimiento, acorde a las transformaciones mundiales, donde el capital humano y lo intangible ocupan la mayor proporción del valor de los productos.
 

            III.- Falta de dinámica de la oferta exportable argentina: Brasil y Chile exportan a mayores tasas a pesar de la sobrevaluación cambiaria. 

            Si los argumentos anteriores no resultan suficientes, una prueba complementaria de que nuestra política de producción y exportación contiene algunas fallas estructurales, es que, a pesar de la sobrevaluación notable que enfrentan, países como Brasil y Chile exportan, en el período en análisis, a mayores tasas de crecimiento que las argentinas.

            Con mayor precisión, con un tipo da cambio real(Índice de Precios Mayoristas) bilateral Argentina-Brasil que pasó de 100 en el año 2001 a 228,6 en 2007(aumento a favor de Argentina de un 128,6%) y con un tipo de cambio real bilateral Argentina-Chile que pasó de 100 en el año 2001 a 176,6 en 2007(aumento a favor de Argentina del 76,6%), las exportaciones Argentinas entre el 2001 y 2007 aumentaron globalmente un 104,1%, mientras que Brasil lo hizo en un 177% y Chile en un 276%.  Más aún, como un indicador contundente de la falta de dinámica exportadora argentina, a pesar de su tamaño poblacional y productivo y de la muy elevada devaluación por parte de nuestro país en el año 2002, la República de Chile exporta más que Argentina desde el año 2005. Como dato, en 2007 Chile exportó 69,2 miles de millones de dólares y Argentina “solamente” 54,3 miles de millones de dólares.

            Por ello, que el tipo de cambio nominal y real sea  alto o muy alto es una condición necesaria, pero, no suficiente, para el aumento de las exportaciones y la profundización de la inserción internacional. Políticas de competitividad y orden macroeconómico con reglas estables de largo plazo, constituyen los requisitos más sólidos para incidir en las expectativas empresarias que lleven a aumentar la producción y las inversiones y, por consiguiente, la oferta exportable sustentable de largo plazo. 

           

IV.- Distribución del ingreso: Recuperación durante 2002-2006 y serios interrogantes para el futuro 

            Es  un dato conocido que la distribución del ingreso mejoró desde 2002 a 2006, se redujo la marginalidad y la indigencia del momento crítico 2001-2002 y se avanzó algo en la reducción de la brecha entre el nivel más bajo y el más alto de las remuneraciones. Este proceso se estancó e, inclusive, empeoró desde 2007, más aún si se tiene en cuenta las complicaciones técnicas que se presentan en las mediciones de estos conceptos, derivados de la política de intervención política que el Gobierno ha realizado sobre el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos(INDEC).

            ¿Por qué el llamado “modelo productivo” no respondería más allá de 2007 como respuesta a uno de los desafíos más fuertes que enfrenta la sociedad en cuanto a la justicia distributiva?

            La causa central está en que el modelo productivo utilizado para salir de la crisis, con tipo de cambio super alto, protección arancelaria y  no arancelaria, salarios administrados, deterioro de la inserción internacional en general y de la integración regional en particular,  llevaron a relativizar el efecto del aumento de las exportaciones como variable dinámica para  aumentar la producción, crear empleos de calidad y permitir el crecimiento de la productividad y los salarios en los sectores productores de bienes comercializables internacionalmente.

            Los países que llevaron adelante políticas de tipo de cambio alto, implementaron como centro el cambio tecnológico(interno e internacional), aumento de la  productividad y mejoramiento persistente y sostenido en el tiempo del salario real. Como consecuencia, la mayor competitividad basada en aumentos de los rendimientos, no solamente llevaron a elevar la producción para exportación, sino servir de base para un crecimiento persistente y aumento del bienestar. Este aumento del bienestar tuvo como base la creación de nuevos empleos de mayor calidad y mejores remunerados respecto a las actividades no comercializables internacionalmente.

 

            V.- La estrategia de distribución del ingreso de largo plazo está basada en una política equivocada 

            Tomando en cuenta la política 2002-2007, se intenta favorecer a determinados sectores industriales   trasladando recursos de la agricultura, que constituye hoy el sector más competitivo y eficiente. Luego si la industria no consigue incorporación de tecnología y aumentos de productividad, la eficiencia global de la sociedad se reciente y complica una redistribución del ingreso sustentable. El traslado de recursos debe acompañarse de elevados aumentos de productividad, pero, si los sectores están protegidos en exceso y/o subsidiados, no habrá incentivos para la innovación y se malogrará socialmente la reasignación de recursos entre sectores que se intenta. En definitiva es una estrategia de asignación o reasignación del excedente económico, que se traslada de las actividades primarias hacia el resto de la economía y el Estado, incluyendo la solidaridad con los sectores sociales más pobres.

Si bien resulta  importante activar las convenciones colectivas de trabajo para determinar las variaciones de salarios, ello constituye una discriminación a favor  de ciertas categorías de trabajadores formales con respecto a los informales y a la desocupación abierta y los jóvenes.

Debe destacarse que ello es así en la medida que no se promueve un vigoroso aumento del empleo formal en los sectores exportadores, en los cuales debería aumentar el recurso humano capacitado para que pueda aprovechar las oportunidades crecientes que genera la expansión de las exportaciones por el tipo de cambio alto y los mejores precios internacionales. Es decir, la inversión en capital humano es clave para acceder a los mejores empleos nuevos generados en base a los sectores de mayor valor agregado.

Si este último proceso no se concreta y se lauda en forma directa o indirecta por el Ministerio de Trabajo el aumento de salarios,  se protege en exceso a ciertos grupos de trabajadores de baja productividad y a empresarios que exportan, los que terminan explotando a la mano de obra en general y a la de mayor eficiencia en particular,  en lugar de crear mayores empleos y mejor remunerados expandiendo así las oportunidades del recurso humano. Para ello debe aceptarse en toda la sociedad la idea de la competitividad y no del proteccionismo como base para una política de distribución e, incluso, redistribución, del ingreso, en base a un crecimiento persistente y sostenible del salario real en el largo plazo, año a año, si se quiere empleo creciente de calidad y salarios reales en alza.

Si la política económica reduce en exceso la competencia internacional, tal como se hizo en la etapa 2002-2007 para enfrentar la crisis,  y protege la producción doméstica, inclusive dentro del MERCOSUR,  generando mercados cautivos, aisla a la organización de la producción de la interdependencia con el MERCOSUR-Chile y el Mundo, dando lugar al desarrollo de cadenas productivas con eslabones ineficientes que requerirán cada vez mayor protección y/o subsidios, aumentando los precios y complicando el salario real y la distribución del ingreso. Es la etapa en la que se encuentra la economía en 2008.

Si paralelamente al proceso antes descripto se amplía el empleo público de baja productividad y se incrementa el clientelismo político, ampliando la asistencia social sin crear oportunidades personalizantes para los pobres y marginados, condenándolos así a no superar su grave situación, se tiende a aumentar el gasto público y crear empleo disfrazado, es decir de productividad cero, con lo que se completa el modelo productivo de alto proteccionismo y baja generación de mejores empleos con altas remuneraciones. Debe destacarse a esta altura el dato ya conocido en nuestro país en los dos últimos años, en el sentido de aumentar el empleo, pero que los salarios no permiten superar la línea de pobreza.

Por consiguiente, si se implementa una asignación de recursos en la industria que no se corresponde a la interdependencia MERCOSUR-Chile-Comunidad Andina y Mundial; se generan empleos ineficientes y no se abren abundantes oportunidades de mayor calificación y remuneración; se protege en exceso a los sectores industriales y se los aleja de la competencia internacional; se aplanan las remuneraciones salariales por presión del Estado impidiendo diferenciaciones y formación de capital humano e inversiones y, finalmente, se aumentan los empleos públicos de baja productividad y el asistencialismo sin oportunidades, entonces, el resultado, visto socialmente, llevará a baja dinámica de nuevos empleos y productividades que, por su nivel, no podrán sostener mejoras sustentables en el salario real que sirvan de base  a una genuina redistribución del ingreso de largo plazo.

 

VI.- El futuro del modelo competitivo-productivo 

El llamado “modelo competitivo-productivo”  aplicado desde el año 2002 implicó tipo de cambio nominal y real muy alto; protección cambiaria y para-arancelaria cerrando la economía; salarios administrados para todos los sectores que permitieron un abaratamiento del costo de la mano de obra en dólares y partiendo de un punto de nivel de actividad, fruto de la crisis, que implicó una caída del PBI real por habitante del 25% y, por consiguiente, era posible actuar por el lado de la reactivación del gasto, tanto público como privado, dado el elevado porcentaje de recursos humanos y materiales subutilizados.

Las recuperaciones notables año a año en el período 2002-2007, tenían para operar una base productiva subutilizada, tanto de bienes de capital como de fuerza de trabajo, que se había gestado en los años anteriores.

Llegados alrededor de 2005/2006 a los niveles de utilización de la capacidad productiva similares al máximo de 1998, entonces, se arribó al tope de producción y empleo que el llamado “modelo competitivo-productivo” podía ofrecer.  Por lo tanto, si  la política económica persistió en el período 2006-2008 en aumentar la oferta de bienes y servicios presionando la demanda pública y privada, esta acción llevó a provocar más impacto en la inflación que en la oferta de bienes y el empleo: el aumento del empleo es, a partir de este punto, más inelástico y complejo en cuanto a calidad y, por otro lado, la inversión no cuenta con condiciones macroeconómicas que la lleven a ser dinámica. Más aún, no será posible avanzar hacia el futuro si no se reformula la política de producción e inserción internacional, en un marco de orden monetario y fiscal y reglas de juego que fomenten la inversión.

Es decir, la forma de organización de la producción 2002-2007 cumplió su finalidad y, transitar hacia el futuro, necesitará reformulaciones estructurales en la política de producción, empleo, integración y política macroeconómica.  No será posible seguir creciendo a tasas elevadas basados en presión por el lado de la demanda agregada, sin pensar en la inversión, la exportación de mayor valor agregado y fuerte contenido de mano de obra, pero, todo soportado por un aumento de productividad pública y privada, que mejore la competitividad interna y externa y que sirva de base para una política de distribución y redistribución del ingreso sostenible en el tiempo.

Posiblemente, nuestro país ha llegado al momento de privilegiar una de las relaciones claves entre la economía y la política: contar con reglas de juego estables de largo plazo en la política económica y social.  Para ello se hace necesario debate y consenso que lleven a identificar políticas de Estado que orienten a nuestra sociedad en el nuevo siglo.

 

VII.- El momento actual de la economía y las alternativas de salida de corto y mediano plazo

Para comprender claramente el momento actual de la economía argentina debe tenerse en cuenta lo que se estima constituye la idea medular de los que sostienen el llamado “modelo competitivo-productivo”: “El desarrollo económico, con predicamento industrial y con capacidad inclusiva, sólo funciona través de un tipo de cambio bien competitivo sostenible.  Luego, se desprendería con rigor de tales premisas, que la hipotética inflación tolerable requiere, sin escape, del ancla cambiaria, lo cual tiende a inhibir de cuajo la posibilidad del desarrollo económico sustentable.  Este dilema podría tornarse muy duradero en el tiempo, haciendo cada vez más arduo su resolución ordenada”. (Eduardo Curia Cronista Comercial 6/5/08).

Los que se resisten a salir del modelo competitivo productivo comprenden a su vez que, cuanto más el gobierno se demore en actuar estructuralmente sobre la inflación, se consolidará la realidad de dólar nominal y real en baja  y altas tasas de interés como la respuesta macroeconómica para evitar la espiral inflacionaria.  En lo inmediato, la reducción fuerte del gasto público y un acuerdo para que no se alimente la espiral precios-salarios, aparecen como las medidas que no pueden dejarse de implementar si se desea conservar lo poco que queda del modelo competitivo productivo, al consolidarse en la realidad de corto plazo su antítesis: tasas de interés en alza y tipo de cambio nominal y real en baja.

De esta forma se llega, por presión de la realidad económica y social, al límite del modelo usado en el período 2002-2007 que, como ya se expresó, permitió transitar otra de nuestras crisis extremas pero, contiene incongruencias a revisar tanto en el corto como en el mediano y largo plazo.

Si se decide no perder el tiempo y actuar rápido con  medidas clásicas  sobre la inflación para evitar su espiralización, se evitaría el retroceso en producción y empleo y generaría el tiempo necesario para diseñar la estrategia acorde a la realidad mundial y latinoamericana.

Pareciera que el centro a discutir está relacionado a la idea de que actuar sobre variables monetarias y fiscales implicaría renunciar al alto crecimiento y aumento del empleo, o lo que algunos llaman enfriar la economía.  A su vez, lo que podría llamarse una inflación tolerable, en la medida que requiera un anclaje del dólar, haría desaparecer el tipo de cambio muy alto como centro del desarrollo productivo industrial.

Pero, aquí debe remarcarse  lo analizado en la primera parte de este análisis en el sentido de que la política de tipo de cambio muy alto no ha llevado a la industrialización con elevado valor agregado y, también, el punto que hace notar que países con tipo de cambio sobrevaluados (o muy sobrevaluados como Brasil y Chile) están exportando mucho más dinámicamente que nuestro país, con inflaciones, por ahora, de un dígito, y aplicando políticas de competitividad amplias, como Brasil, y anticíclicas en base al fondo del cobre en Chile.  Así, nuestros vecinos y socios se parapetan ante la volatilidad del mercado financiero mundial y el precio de las commodities creando condiciones macroeconómicas para la entrada y permanencia de las inversiones, mostrando un riesgo país muy bajo y un grado de inversión en la calificación del mundo financiero.  Estos países ya comenzaron a actuar contra la inflación y, simultáneamente, ampliar y consolidar la competitividad interna e internacional.

Se estima que si se toman en cuenta las consideraciones anteriores respecto a Chile y Brasil y, paralelamente, los acontecimientos acaecidos en Argentina en las últimas semanas( 5/8 al 18/8) respecto a nuestros títulos públicos, dudas sobre el INDEC, riesgo país superando los 600 puntos básicos, tasas de interés activas alcanzando el 20% anual, estimaciones inflacionarias del orden del 25/30% anual, gasto público aumentando a mayor velocidad que los ingresos fiscales, complejo cuadro de subsidios cruzados a múltiples actividades, aumento del empleo congelado, pobreza e indigencia en aumento, queda bastante claro el final del modelo competitivo productivo, que ya cumplió su importante cometido en la crisis 2002-2006, y que ahora requiere rápidas acciones antiinflacionarias, para no retroceder en el costo social ya asumido y sentar las bases de una nueva estrategia económico-social mirando al nuevo siglo.

Pareciera que están claras tanto la realidad como las alternativas de acción, pero, es necesario reconocerlas y avanzar en medidas concretas.

VIII.- Estrategia Mirando el Siglo XXI

En el presente análisis se trata de dar  evidencias respecto a que, si bien el problema inflacionario es de alto riesgo y debe urgentemente ser abordado, la demostración objetiva de que la política de producción y exportación implementada en el período 2002-2007 no lleva a la industrialización; la explicación de que la distribución y, menos aún, la redistribución del ingreso ha sido encarada en forma equivocada, con efectos de corto plazo positivos pero no sustentables y, finalmente, que la política de tipo de cambio  real alto no ha garantizado la inserción internacional creciente, muestran que debe repensarse el futuro y definirse un proyecto social diferente al llamado competitivo productivo.

Como ideas marco para avanzar en esta nueva estrategia, deben tenerse en cuenta las consideraciones y observaciones ya realizadas en el presente análisis y dedicarle suficiente tiempo a aclararnos, como argentinos, que el tipo de cambio super alto, la economía cerrada y mercados cautivos y el abandono del regionalismo abierto como dinámica central de transformación económica e inserción internacional, no permitirán arribar a un desarrollo social y económico con justicia social.

Por ello, superado el problema inflacionario lo antes posible para ponerle un tope al deterioro de la producción y los ingresos, debe avanzarse en el plano estratégico.  Esta estrategia debería tener como centro un orden macroeconómico(monetario, fiscal y cambiario) que sirva de base para definir políticas de Estado y armonización de políticas en el MERCOSUR.  Paralelamente, una reconversión productiva para el mercado interno y la exportación, competitiva y de mayor valor agregado, tomando como mercado ampliado para el comercio y las inversiones el MERCOSUR, MERCOSUR-Chile y MERCOSUR-Comunidad Andina de Naciones.  Posicionado nuestro país en el mercado ampliado antes referido y llevando a un máximo la utilización de los recursos humanos y materiales de este nuevo espacio económico para arribar al Mercado Común del Sur, definir negociaciones MERCOSUR-EEUU y MERCOSUR-Unión Europea tomando como clave de las mismas que, en no más de  una década de liberación comercial, nuestros países socios del MERCOSUR y del Resto de ALADI hagan máxima la exportación de los productos en los que tienen ventajas y, un mínimo, las importaciones, con origen en los bloques desarrollados, de bienes en los que los socios muestran ventajas comparativas y competitivas. Para lograr este objetivo deben hacerse, complementariamente a la liberación comercial, acuerdos tecnológicos y de flujo de capitales para ampliar la oferta exportable. En estos momentos el MERCOSUR está orientando equivocadamente las negociaciones con el mundo desarrollado.

Así, Argentina debe acceder, en bloque, a la economía mundial interdependiente.

Salvaguardado estratégicamente el orden macroeconómico, la armonización de políticas económicas en el mercado ampliado y la reconversión productiva para la exportación con el enfoque referido, para definir una estrategia de largo plazo para nuestro país en un mundo interdependiente, deben también incorporarse como elementos centrales de la estrategia tres pivotes que condicionarán el acceso y justicia en la repartición de los beneficios de la interdependencia. Estos pivotes son: la infraestructura económica y de servicios compatible con la estrategia del mercado ampliado; la educación vinculada a la producción y una política deliberada de acceso a las oportunidades que generará esta estrategia para las personas, sectores, regiones y pequeñas y medianas empresas.

Debe constituir un objetivo central de la estrategia generar empleos de mayor calidad y mejor remunerados como base de la política de distribución de ingresos.

Debe destacarse especialmente que, una estrategia de largo plazo para insertar a Argentina en la sociedad del conocimiento del Siglo XXI, debe contemplar de un modo preferente al desarrollo regional.

Los acuerdos del MERCOSUR, MERCOSUR-Chile y MERCOSUR-Comunidad Andina de Naciones han cambiado estructuralmente el funcionamiento del espacio económico argentino, potenciando los corredores bioceánicos Este –Oeste y la priorización de los pasos fronterizos como salidas hacia los mercados del Pacífico.

Ello pone en evidencia la urgente necesidad de que nuestra sociedad defina un PLAN para fijar prioridades y sentar criterios para asignar recursos. La transformación de la dinámica del Interior argentino generado por la integración económica regional, coloca a Argentina ante el desafío de decidir la asignación de recursos entre el llamado tren bala o, alternativamente, el Paso de Agua Negra en San Juan, Pircas Negras en La Rioja o San Francisco en Catamarca.

Por supuesto que este enfoque de transformación de la dinámica económica y comercial del Interior cambia estructuralmente las bases del federalismo y de un instrumento crítico como es  el de la coparticipación federal de impuestos para superar el centralismo.

Quiere decir, entonces, que un enfoque estratégico para la inserción argentina en el mundo que supere los alcances del modelo competitivo productivo que rigió en el período 2002-2007, debe contemplar centralmente:

  • Reconversión productiva para la exportación en el marco del regionalismo abierto, basada en competitividad interna e internacional
  • Política macroeconómica estable, monetaria y fiscal de largo plazo.
  • Armonización de políticas macroeconómicas en el MERCOSUR como mínimo.
  • Infraestructura económica y de servicios compatible con la estrategia económica y comercial externa.
  • Desarrollo del capital humano como centro de la estrategia de acceso a las oportunidades.
  • Implementar una estrategia deliberada de facilitación al acceso a las oportunidades para personas, sectores, regiones y pequeñas y medianas empresas.
  • Creación amplia de empleos de mayor calidad y mejor remunerados como base de la política distributiva.
  • Incorporar  como capítulo fundamental de la justicia distributiva entre provincias y regiones del Interior la activa presencia de las provincias en el proyecto nacional.

 

            IX.- La más cruda realidad a enfrentar y superar

            La opulencia de Argentina y América Latina, con altos saldos favorables en la balanza comercial y reservas en los bancos centrales, no se condice con la pobreza estructural y los escasos resultados obtenidos para reducirla.  Esta es la mayor injusticia a revertir.  Para ello, teniendo en cuenta la naturaleza del proceso globalizador y las causas de la desigual distribución del ingreso, no habrá progresos significativos si, como se dijo anteriormente, no se avanza hacia nuevas formas de producción y se introducen cambios estructurales en los mecanismos de distribución del ingreso.

            El capital humano como centro,  la competitividad interna e internacional en la asignación de recursos, la integración económica regional como pivote para insertarse en el mundo, la laboriosidad como virtud y la mayor productividad como centro para lograr una sociedad de alto rendimiento que produzca más y distribuya mejor los resultados materiales, serán la base para liberar al hombre argentino y latinoamericano de las ataduras materiales y permitirle sentar las bases de un desarrollo humano integral

            En este sentido deben orientarse los consensos de largo plazo y, para ello, el año 2008 pero sin demoras,  debe ser visto como una oportunidad para toda la sociedad argentina a partir de las dificultades.